Sé Friki

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lunes, 22 de noviembre de 2010

Tierno, tierno


Las pelis de amor son una pérdida de tiempo.

Se pueden agrupar (por lo menos yo las agrupo) en dos grupos. En primer grupo, el romance que pasa fotograma tras fotograma, el chico (pocas veces chica) conquista a su amor verdadero con una gilipollez detrás de otra. Que si aparece bajo la ventana de su casa con una banda de mariachis que han cruzado la frontera arrojando sus gallumbos a la alambrada para no clavarse el alambre de espino, que si la pinta desnuda en un sillón perdido en medio del atlántico norte, que si la muele a palos y le inyecta heroína para que trabaje de putilla en los húmedos muelles de Baltimor...
En el segundo grupo el prota la conquista y punto. No te dicen como. Llega, se sienta en la silla de un bar, echa una mirada a la barra y allí esta una rubita mona poniéndole ojitos y la escena siguiente es ella gritando cochinadas, y según mi experiencia personal las tías no suelen gritar cochinadas.

Quiero llegar a la conclusión que no se puede aprender a ligar, que se te puede dar mejor o peor... pero que poco puedes hacer para pasar de un cero a la izquierda a ser la polla de dios. Normalmente chico conoce a chica, se gustan sin razón concluyente y luego viene el sexo y esas cosas. No conozco a nadie que haya buscado a una mujer entre el mar de almas que es esta vida solo para enamorarse de ella. Y es así porque todo el mundo tiene la misma idea preconcebida de su media naranja: guapa, simpática, lista pero no mas que tu, con dinero, que le guste a tus padres, que le guste a tus amigos, que sea buena en la cama y que vaya mejorando con la edad. Básicamente las virtudes, valgame la redundancia, son buenas, con lo que hay que lidiar es con los vicios y defectos, y estamos colmados de ellos. Por eso el conformismo es una buena opción.

sábado, 23 de octubre de 2010

Mi pica un testículo


Dicen que el aburrimiento es el primer paso hacia la recaída.

Y aquí estoy un sábado por la noche, encerrado en mi cuarto con la ventana de par en par mientras el humo escapa de entre mis dientes. La ciudad susurra y ruge al mismo tiempo, tráfico, borrachos y chicas en tacones fluyen. Un tipejo se ríe y una fulana canta. Y yo aquí, un sábado por la noche encerrado entre cuatro paredes.

Victor se ha pirado de fiesta sin mi, Anita se ha pirado a su pueblo de mierda como siempre, y a mi me entran ganas de gritar, pero no tengo ganas.

Me han entrado unas ganas horribles de fumar, así que me he puesto a rebuscar entre los cajones de la habitación, y no había nada, solo la punta de grafito de un lápiz que por un instante fue una minúscula china. He abierto el grinder, el yin y el yan, y ahí quedaban los rescoldos de fumadas pasadas, y me he puesto a escarbar, con la punta de un palillo, entre los recovecos de una filosofía ridícula. Luego el papel. No tengo papel, no hay libro que valga en la habitación. Pero si un teléfono móvil, he abierto la tapa y he quitado la batería, y ahí estaba, un papel, perfectamente doblado, el papel del protagonista de la función, un romeo sin julieta, un max estrella en una habitación de valencia. El esperpento.

Y aquí estoy, esperando que alguien se conecte al mesnenjer para poder hablar. Suplicando por algo de contacto humano. Fumando tabaco manufacturado y borracho de mistela.