
No iba borracho del todo, pero rozaba la perfección, podía rozar con la punta de los dedos el ciego que tanto necesitaba, solo estaba a una copa más, solo una copa más y obtendría la puntación perfecta, todos los jueces que me observaban con meticulosa precisión me darían un diez, el partido perfecto, salí, bebí y vencí. Iba a ser el héroe que derrotó a la adversidad bebiéndosela, pero, siempre a hay un pero, eché la mano al bolsillo, a sacar la cartera y pedir el chorro de gloria que me catapultaría al estrellato y la fama cuando me doy cuenta que no está, que la he perdido. He perdido la cartera. Y aun así la música sigue sonando, y la gente bailando, y yo he perdido la cartera, las tarjetas, el id, la carné de la uni y aquel condón de sabor a chocolate que nunca pude usar.
-¿Qué buscas?
Una chica se pone en frente mía, yo la miro. Se acerca a mi oreja y me vuelve a decir que que busco. Mi penúltima copa, le respondo.
-Me gusta tu sobrero
Yo sigo mirando al suelo, lamentándome de mi mala estrella, buscando la cartera, a ver si hay suerte.
-Me quieres prestar atención, estoy aquí intentando ser simpática y tu pasas de mi
-Que estoy buscando mi cartera
-No hace falta ser tan borde
-A ver, no te conozco de nada, ¿me quieres dejar en paz? Pesá, déjame tranquilo
Y me suelta un bofetón. Plas. Me quedé tan desconcertado como se queda el tigre mirando la silla de 4 patas con la que le amenaza el domador. Plas, otro más. Entonces, en contra de toda previsión, la agarro de los hombros y la beso, apretando los labios contra los suyos. Me mira, y yo la miro a ella, y me pierdo en su boca y ella se pierde en la mía. Nos besamos mientras alguien se bebe mi dinero. Me separo de ella y me vuelve a dar un bofetón y se va. Yo me quedo ahí plantado contra la pared, pensando en el taxi que no puedo cojer para volver a casa cuando la chica vuelve me agarra de la mano y me saca del local.
Lo mas increíble es que ella tenía un condón de sabor a chocolate.




