
Echo de menos los petas. Los echo mucho de menos, y solo ha pasado una semana. Cuando lleve un mes intentaré llamarlos por teléfono para suplicar que vuelvan, pero no volverán, porque son petas y como tales no pueden hablar.
Hoy los echo especialmente de menos porque ha sido un día muy aburrido: en la gráfica tiempo-aburrimiento a habido un pico. Echo de menos sentarme en el balcón y notar como se me entumece el cerebro, como puedo dejar pasar las horas sin notar que estoy perdiendo el tiempo. Notar que no me importe que la realidad tenga sentido o no, notar que no siento el mundo.
Se que este post es muy yonki, pero es la verdad. Con los petas no vale la llamada del ahorro para paliar la ansiedad. O fumas y te jodes o no fumas y te jodes. No hay mucha variedad, aunque pensándolo seriamente no se muy porque he dejado de fumar. No es para demostrar que puedo dejarlo, o porque me perjudicaran, ya que mis errores no están relacionados con ellos. Tampoco los he dejado por presión social o porque sean malos para la salud. Pero no quiero volver. Es como una de esas exnovias que te perjudicaba seriamente, que eran dañinas para ti, pero que cuando se van no puedes parar de pensar en ellas y solo recuerdas los buenos momentos y no la cantidad de mierda que te hizo tragar.
Supongo que es por pasar de pantalla. Dejar a tras esa época de mi vida en la que era un fumeta del tres al cuarto. Que era un tipo que se sentaba en un banco viendo como la gente iba y venia mientras el cigarro se consume y la cerveza que te han vendido se enfría.
Que ganas tengo de volver a casa unos días.





