Sé Friki

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viernes, 29 de octubre de 2010

Bebida refrescante aromatizada


Se llamaba Fulana de Tal y era de Tarragona. Aquella tarde de un octubre ventoso y rosado vestía unas zapatillas con corazones del color de una pompa de aceite de motor, unas medias azules y una falda vaquera. La camiseta era multicolor, muy amarilla y de manga larga. Fualana de Tal era algo rubia, con una perforación en la nariz y se ponía gafas para mirar la pizarra, ir al cine o ver la tele. A veces llevaba una coleta y otras veces llevaba trenza, pero nunca llevaba el pelo suelto.

Fulana de tal estaba sentada segunda fila, pegada a la ventana, mordisqueaba el boli con aire ausente, miraba la pizarra, pero yo sabía que no prestaba atención, garabateaba remolinos y hojas en la mesa.

No se mas de ella, yo me imagino que fuma, me gusta que las mujeres fumen, creo que es porque mi madre fumaba durante el embarazo y esas cosas se tatúan en el subconsciente. Imagino que fuma y que saca el humo por la nariz, que bebe vino con cocacola en los parques y que ama las cosas por lo que representan, no por lo que son. Imagino que es una chica que te habla, se ríe de tus chistes y te da cancha hasta que suelta un hasta mañana. Imagino que tiene un novio al que odiaría si no fuera tan buena gente. Seguro que para moverse usa la bici y que prefiere los antros cutres a los sitios con clase.

Me gusta pensar que tiene una amiga fea porque ella nunca fue la guapa y se cansó de no sentirse especial. No se porqué odio a esa amiga fea que no existe. Ella es una poser, cabalga sobre la cultura de una moda alternativa manufacturada por niños vietnamitas al servicio de las cadenas de tiendas de ropa, y eso le encanta, le encanta la hipocresía del mundo.

En el fondo Fulana de Tal es una mala persona, su escala de valores está invertida y su ombligo es el centro de su universo particular. Yo mi me conmigo. Cada vez que veo desde el otro lado del pasillo a Fulana de Tal su corazón se vuelve un poco mas negro, que despelleja gatitos y apalea bebes de foca.

Ha habido un descanso, Fulana de Tal ha salido de clase y ha ido directa a la máquina de café. Yo me he sentado en la escalera con los demás y por un momento se han cruzado nuestras miradas pero la he apartado rápidamente, no quiero saber nada de esa torturadora de bebés.

martes, 24 de noviembre de 2009

Con cuernos y a lo loco


-¿Cuando puedes quedar?
-Puedo quedar casi siempre
-¿No estudias ni trabajas?
-Estoy estudiando, pero este curso tengo mucho tiempo libre
-Mira, yo por las mañanas no puedo... pero por las tardes si puedo casi todas...

La señorita, aunque sería mas correcto decir señora por eso del matrimonio y los rituales milenarios, me había abordado mientras miraba como los demás leían en el café de las letras, yo llevaba un libro en la mochila, pero me siento estúpido leyendo en una cafetería.

-Yo las tardes puedo quedar los lunes, martes y viernes
-Estupendo
-Y bueno, los fines de semana también, claro

Entré para esperar a Irene, una chica mona de pequeños pechos y labios definidos. Habíamos quedado para conocernos mejor, yo tenia la esperanza que nos conociéramos mejor en mi cama, aunque su cama también era un lugar igual de bueno. Me senté en un cómodo sillón estampado en cuadros rojos y verdes en frente de una mesita de madera y vidrio con un solo cenicero, pulcro, en el centro de ésta. Una señora de cuarenta y cuatro años entró en el local. Medía sobre el metro setenta, tenía el pelo corto y negro, delgada y de porte elitista, como si un falo erectizante hubiera sido puesto por Dios en su cavidad rectal solo para que la gente la admirase mas. Vestía una botas negras altas de tacón corto, unas medias marrones que supuse que ocultaban las varices y agujeros de bala. Falda por encima de las rodillas y una blusa blanca, iba descoquetamente coqueta, enseñando un escote desconcertante.

-¿Tienes algún sitio a donde podamos ir?
-Está mi piso, pero es compartido... preferiría no ir allí
-¿Hay mas gente?
-Si, están mis compañeros de piso, somos cuatro estudiantes

Se sentó en el sillón que estaba en frente. Dejó el bolso a un lado y llamó a la camarera. Ahora traigo lo tuyo. La llama quemó los yermos campos de nicotina y la ceniza golpeó el cenicero con un estruendo mudo. Su café, con leche, y el mio, solo, llegaron a la vez. Mientras fumaba y me miraba yo me encogía y me encogía.

-Si están tus compis mejor no ir allí
-Claro
-Aunque por mi no pasa nada, lo digo por ti, siempre puedes decir que soy tu tía
-Es poco probable que creyeran esa mentira
-Me lo imagino... te importaría si fuéramos a un hotel
-No, no me importaría

El mundo está loco. O ve demasiado cine. Tal vez sea que el cine ve demasiado mundo. La realidad supera la ficción, yo nunca lo creí, en la Guerra de las Galaxias salen sables de luz y planetas destruidos por la maldad de un hombre, en la realidad esas cosas no pasan, la ficción puede estar sustentada en el mundo real puesto que sale del pensamiento de personas reales, pero ello no quita que la ficción pueda ser, potencialmente, mayor que la realidad.

-¿Que edades tienen tus amigos?
-Todos tienen mi edad
-¿Y a ellos no les gustaría jugar un rato también? Tengo una amiga que si se lo digo se apuntaría...
-Creo que no estarían cómodos con la idea
-Nada, tu los conoces mejor

El teléfono sonó. Lo miró y le dio a una tecla, seguramente para silenciarlo. Apuró lo que le quedaba de café mientras el mio se enfriaba.

-Bueno, me tengo que marchar, era mi marido, está a punto de llegar a casa
-Vale, ya hablaremos
-Si, llámame en esa hora por favor
-Buenas noches

Mientras hablaba y reía junto a Irene una parte de mi mente iba reconstruyendo los hechos acontecidos en la cafetería. Apuntó su número de teléfono y nombre en una servilleta con una elegante letra con un boli bic mordisqueado.

martes, 17 de noviembre de 2009

Precedentes

En 1987 ocurrieron muchos sucesos: Aretha Franklin se convierte en la primera mujer que entra en el Salón de la Fama del Rock, cerca del aeropuerto de Asmara mueren 54 personas al estrellarse un avión militar etíope, la ciudad de Mianeh (Irán) padece un ataque aéreo iraquí; en dos escuelas mueren 79 alumnas, en EE. UU., William Casey (director de la CIA y pieza clave en el escándalo Irangate) dimite de su cargo «por motivos de salud», en las aguas del río Jiao, al sur de China, se produce el naufragio de un transbordador con 120 pasajeros, con un balance final de 31 muertos y más de 60 desaparecidos, en Colombia las autoridades capturan a Carlos Lehder y lo extraditan a Estados Unidos, la URSS lanza la astronave Soyuz TM-2 con dos cosmonautas a bordo, cuyo objetivo es poner en marcha una estación espacial permanente, en Seúl se produce una batalla campal entre los manifestantes y la policía, con el resultado de más de 2000 detenciones, el Ministerio de Sanidad de España impone la aplicación de la prueba del sida a todas las donaciones de sangre, en Israel comienza el juicio contra Iván Demjanjuk, conocido como Iván el Terrible, deportado desde Estados Unidos y acusado de crímenes contra la Humanidad en el campo polaco de exterminio de Treblinka, el vuelo 255 de Northwest Airlines se estrella en su despegue del aeropuerto de Detroit: mueren 156 personas a bordo y sólo sobrevive una niña de 4 años, en Estados Unidos, el presentador principal de CBS Evening News, Dan Rather, enfadado por haber sido reemplazado por un partido de tenis, se marcha del plató, dejando a los telespectadores con una mesa de noticias vacía durante seis minutos, en Oriente Medio, la milicia chií Amal y los guerrilleros palestinos acuerdan poner fin a la guerra de los campos libaneses, se firma el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono... pero este año pasará a la historia como el año en que un pintor anónimo cede un lienzo sin título a una importante visionario y mecenas del arte con la condición de que jamás, y por ninguna circunstancia, se haga copia alguna de ningún tipo de ese cuadro. El cuadro se expone en una humilde galería pero las circunstancias relativas a las condiciones de exposición del lienzo hacen que se convierta rápidamente en una obra de culto. La noticia salta de boca en boca y de medio en medio, al año se forman colas kilométricas para poder observar la obra. Actualmente se expone en el museo de arte moderno Pompidou de París.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Dormir


Se pasaba la vida durmiendo de sofá en sofá y de cama en cama. Vestía un pijama blanco con rebordes amarillos, casi dorados, y unas zapatillas de andar por casa azul marino de tela de toalla. Siempre tenía ojeras y lloraba cristales, por eso tenía los ojos rojos.

Siempre tenía sueño, y cuanto mas se abandonaba entre las sábanas mas trabajo le costaba despertarse de sueños confusos pero intensos. No dormía seguido, dos horas, luego se revolvía incómodo, buscando la cara fresca de la almohada, luego otras dos horas.

Se levantaba para comer, pero no comía, pocos días cenaba. Fumaba mucho, él decía que no solo de pan vive el hombre, puede ser. Soñaba mucho también. Soñaba que no soñaba, que vivía tan intensamente como una cerilla medio segundo después de encenderse, que amaba, reía, lloraba y sufría. Soñaba que se paralizaba por el miedo y que se afeitaba y de debajo de la negra pelambrera había una cara desconocida, que no solo era esos pozos tiznados que tenía por ojos.

Se convencía a si mismo que todo no importaba nada, que podía pasar su vida en casa, fumando, durmiendo y casi sin comer. Oyendo el ruido de los coches y de los jóvenes borrachos, de las chicas guapas y de sus vecinos ecuatorianos. Pero no escuchando.

No se comunicaba con nadie, ni por teléfono, ni por Internet y ni cara a cara. Era un fantasma. En las noches sin ruido solo se escuchaba su lento respirar y el gemir de la cama.

Lo encontraron muerto, ocho años después de que muriera, por pura casualidad. En su casa solo había una triste cocina con pan duro como el acero, un salón con un sofá y una tele rota y su habitación con una cama, con millones de sábanas y una gran almohada. El polvo lo cubría todo como los restos de una lluvia de ceniza de mil años de duración.

domingo, 23 de agosto de 2009

Ruido


La oscuridad abrazaba la calle con sus peludos y negros brazos. La luz artificial, hialina como un cuarzo, a veces naranja, luz de las farolas se filtraban a través de las rendijas de la persiana cual inmigrante saltando la alambrada, silenciosa, fugaz y temerosa de ser descubierta.
Cuando la vista se le acostumbró, un poco, lo suficiente, encontró el libro que buscaba. Estaba sobre la mesa, lo agarró y una lluvia de plata se precipitó con un millar de mudos cantares sobre el suelo. ¿Habéis intentado recoger alguna vez el contenido desparramado por el suelo de una cajita de alfileres?

Mientras buscaba uno por uno los alfileres pensaba en el mañana, en sus pies descalzos sobre las losas de mármol, sobre los trocitos de metal. También pensaba en que un corazón roto se niega a aceptar lo evidente: que no le querían.

Acababa de dejarla -Me voy de aquí para no volver jamás- le dijo con convicción. -¿Puedo ir contigo?- le respondió mientras imaginaba como una ciudad llamada relación se desplomaba en una agobiante nube de polvo. -¡Claro que no!- espetó él.

Se produjo un silencio de blanca interrumpido por un sollozo. Aunque si hizo lo imposible lo inevitable llegó. Ella sabía la verdad, que él no la amaba de ninguna forma. No le gustaba su personalidad, ni su físico, ni su carácter, ni sus amigos, ni su familia, ni su ropa, ni su mascota, nada, ni el sexo con ella. Aguantó tanto tiempo con ella gracias a su brillante cobardía y su patética inseguridad.

Ella se entregó al peor soñando que podría ser el mejor, pero era, como no un hombre ínfimo. No sería justo decir que la decepcionó, porque las mentiras infundadas por uno mismo no cuentan ni como medias certezas. Ella era una necia y él un cabrón. Ella lloraba mientras el se sonaba los mocos, y entonces ocurrió lo inesperado. Volvieron juntos. Tal vez fuera el cariño de la añoranza o una erección, pero están juntos de nuevo.

sábado, 27 de junio de 2009

El ninja


Un día te levantas y descubres que tu padre es un gilipollas y tu madre una amargada. Él es un pusilánime que día tras día va a trabajar al mismo sitio que detesta y tiene que soportar y complacer a clientes mongoloides. Su jefe es un tipo mas joven y guapo que él, con proyección de futuro que viste elegantes trajes que conjuntan con la camisa, la corbata e incluso con los calcetines. Tiene una dentadura perfecta. Lo odia, pero le sonríe y asiente con falsa sonrisa aun cuando éste lo trata de inepto. Ella es una arpía, un buitre. De joven era una sirena que hechizó a un joven marinero con sus cantos pero que le hizo hundir el barco en un frío mar. Ahora se dedica a torturar a su maltrecha presa, a ponerse uñas postizas, enredarse rulos en el pelo y colocarse algodones entre los dedos de los pies. Siempre está fumando. Ella lo odia a él, y él la odia a ella. Sueñan que se arrancan la vida mutuamente pero no tienen valor para ello. Prefieren odiarse y no soportarse a tener que enfrentarse a la realidad que no es mas que enfrentarse a ellos mismo. Temen descubrir que clase de personas son.

Una mañana te levantas y coges una katana. No lo has pensado mucho pero sabes que es lo correcto. Sabes que no todo el mundo merece vivir. Crees que no todo el mundo merece siquiera nacer. Sus vidas valen menos que el aire que respiran. Ayer viste a un monje quemarse vivo. Hoy verás a tus padres decapitados. Y a tu hermana retrasada también. No tienes nada en contra de los deficientes, solo que sabes que si tus padres mueren ella no tendrá quien la cuide, es mejor que la mates a que viva sufriendo.

El asesino de la katana te llamaron. Dijeron que estabas loco porque una vez jugaste a un videojuego. No comprenden lo que hiciste. No comprenden como libraste al mundo de dos miserables que se envenenaban mutuamente. Sabes que hiciste lo correcto, que si todo el mundo tomara esa clase de determinaciones todo iría mucho mejor. No te quitaste la vida en prisión, no por cobardía, si no porque aun queda mucho que hacer. Harás del mundo un lugar mejor.

Ahora eres un ser de la noche, vistes de negro y un sable es tu arma. Decapitas a los criminales. La gente te teme y te ama. La policía te busca por asesinato y los psiquiatras dicen que eres un psicópata genocida onanista violador de caballos, pero tu sabes la verdad, que eres un instrumento de Dios y que naciste para erradicar la semilla del mal del mundo. También erradicas a los retrasados mentales.

lunes, 25 de mayo de 2009

Capítulo uno


Las nubes de contornos violetas se arremolinaban en torno a escarpadas montañas de dura dolomía que vistas por una golondrina eran como islas dispersas en un cielo tan azul que parecía artificial. Las nubes remoloneaban eremitas buscando una cumbre que intentar abrazar mientras un herrumbroso campesino veía como avanzaba al galope entre arrozales un joven de nombre Verano cruzando el valle de Kintani. Enmarcado en este grabado colgaba del techo un gran sol de cartón naranja, amarillo y rojo.

Cabalgaba un trotón de oscura pelambrera negra, la espuma empezaba ya a aparecer en la boca de la bestia pero no tenía tiempo que perder ya que solo llegar tarde era motivo de vergüenza. Vestía una polvorienta armadura de bambú y acero. Sus armas repiqueteaban contra la silla de montar. ¿Quién es ese samurai que desafía al viento? -se preguntaban los destripaterrones del lugar al verlo pasar.

Un pequeño riachuelo de aguas saltarinas atravesaba una aldea de casas de pino y papel. Al fondo un castillo se levantaba en lo alto de una colina dentada gobernando todo el valle. Banderas de grullas, leones y dragones ondeaban mientras el sol descendía sujeto con hilos de pescar para ascender al otro lado del mundo.

-¿Quién anda ahí?- Preguntó un guardia embozado en una tosca armadura.
-Soy Natsu he sido invitado al festival de Bon, aquí traigo la acreditación.

El portón gruñió como un oso hambriento al abrirse y los gonces de la puerta chirriaron con histeria mientras iba retorciéndose. Natsu cruzó el umbral sin saludar a la guardia del castillo. Desmontó con furia del caballo y lanzó las riendas a un muchacho con cara de subnormal. Al otro lado del patio la celebración había comenzado. Farolillos de todos los colores bailaban haciendo que las sombras se alargaran, se duplicaran y en ocasiones desaparecieran. Un hombre, ya entrecano, se levantó del asiento. Un kimono azul y blanco sin florituras cubría su arrugado pellejo y las luces de los farolillos en sus ojos se reflejaban como ascuas. Era Tsume Retsu, dueño y señor del castillo. Un grito de reproche sale de sus labios hacia el que es su hijo, un delicado señorito llamado Takashi, obviamente se trata de último estallido de un desacuerdo que Natsu desconoce. El delicado heredero del castillo se levanta y se marcha mientras su viejo padre convierte las canas blancas en trasnparentes.

-¿Cuando comienza la acción en este relato? -preguntó una de las sonrientes bocas.
-A la mañana siguiente -respondió el moribundo.
-Prosigue pues -sentienció el demonio.

A la mañana siguiente unos gritos de dolor y miedo fingidos hicieron eco en el valle. Natsu salió de su habitación con el daisho en la mano. Los sirvientes del castillo corrían temerosos mientras los guardas cerraban las puertas. La noticia llegó a sus oídos: Retsu, el daimyo del castillo, había muerto asesinado en sus aposentos.

viernes, 22 de mayo de 2009

El Guerrero Tuerto


Un parche negro, ya blanco por el paso del tiempo, cubría su ojo diestro. Vestía ropas marchitas de mil otoños y un sombrero de paja proyectaba una sombra que le cubría el rostro. Iba descalzo por una penitencia que no recuerda porqué empezó. Una espada le colgaba del obi. Era un perro sin honor.

Erraba de pueblo en pueblo vendiendo su hoja, no al mejor postor, al primer postor. Vivía en la indigencia y mataba por un puñado de arroz. No tenía valor para quitarse la vida, así que se la quitaba a los demás. Cojeaba de una pierna y le faltaba un pezón. Una cicatriz de seis puntas le cruzaba la espalda. Comerciaba muerte.

Un día se encontró con un demonio, se llamaba Hagane no Oni, blandía un daisho blanco como la nieve y tres bocas sonreían. Hueso y hierro cubrían sus manos y el odio era solo una parte de su piel.

-He venido a matarte- dijo el ronin.

Una nube azul cubrió la luna sumiendo a los duelistas en una íntima oscuridad. El viento había dejado de soplar pero la hierba alta se mecía como por causa de una brisa.

-Aunque muera volveré a la vida, ya lo sabes, para mi el jigoku es solo una sala de espera.
-Eso no me interesa, he venido a matarte -repitió el ronin- lo que pase después no es asunto mio.
-Luchemos.

De un solo golpe el ronin fue vencido. Un negro corte cruzaba su torso. Retorcido de dolor el vagabundo sujetaba sus tripas con los antebrazos ensangrentados intentando volver a meterlas dentro, pero no podía.

-Siendo tan débil no entiendo porqué me has desafiado.
-Porque si te hubiera vencido hubiera vencido a mis demonios.
-Hubieran vuelto.
-Eso me daba igual, había venido a matarlos, lo que pasara después me traía sin cuidado.
-Cuentame tu historia, si me diviertes te llevaré al infierno para que luches contra todos tus demonios y los entierres para siempre, uno tras otro.
-Es un buen trato-dijo mientras una negra cucaracha se enredaba en sus intestinos- como todas las historias comienza por una mujer de un rostro tan blanco como la muerte.
-Vosotros mortales siempre con estupideces, pero continua, solo te quedan algunas horas de vida.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Natura


Andando cabizbajo cruzo bajo un cielo nublado plagado de sombras del color del humo. Voy camino a casa después de haber pasado un día tedioso. Monto en el ascensor y aprieto el botón preguntándome si existe el elevador que no tenga espejo.

Sentado en la cama que jamás fue arropada de una manera adecuada dejaba mi mente en blanco hasta que salió de la cama. Caminó por la habitación, mas que caminar rodaba, hasta ponerse al lado de la puerto. Estuvo un rato escuchando, yo la miraba perplejo y feliz, hasta que decidió que no pasaba nada que le interesara.

-No se te ve despierto hoy, estás un poco apático, gris como el techo que te cubre.
-Nuestro techo es rosa.

Mentrung, la pelusa biogro que se convirtió en mi amiga y confesora tras la gran batalla a las puertas del baño, miró hacia el techo. Rosa.

-Es gris daltónico de mierda.
-Lo que digas, no discutiré tus certezas.
-Normalmente, en una situación como esta, te reafirmarías en mi supuesta equivocación, pero no lo haces. ¿Ocurre que estás en esos días del mes?
-Ya te lo he dicho cientos de veces despojo de polvo y fibra, los hombres no tenemos el periodo.
-Lo se. Me refería a que estás en esos días en los que te vuelves mongoloide.
-Si, ¿que pasa?, uno no siempre puede estar al cien por cien, soy como la bóveda sobre nuestras cabezas.
-¿Gris?
-No, cambiante, no todos los días son soleados, hay veces que nieva, que graniza, que moja las calles. Y a veces no se puede preveer, simplemente sucede, sucede que tu estado de ánimo cambia junto con los vientos que traen los negro nubarrones.
-Deja de hablar como un maricón. Por eso perdiste la batalla, te dedicabas a masturbarte en vez de parir un plan de batalla, una genial y brillante oviedad de como vencerme...
-...una aspiradora...
-...si, eso. Una aspiradora. Y no se te ocurrió hasta estar vencido, aun recuerdo como accediste a limpiar la habitación.
-Aun me resulta extraño que la mierda se odie a si misma.
-¿Crees que putas, drogadictos, proxenetas, ludópatas, escritores, miserables, maricones, tahures y demás gente de mala calaña se ama a si misma? Pueden que se amen, pero no de una forma sana y noble, se reafirman en su pecado.
-Eres una pelusa digna de la una Inquisición intelectual.
-Y tu un gilipollas.

lunes, 11 de mayo de 2009

Sordera


El humo escapaba blanco de entre la ceniza de lo que fue tabaco y costo. Conforme iba subiendo ganaba velocidad, hasta que la corriente que ascendía se volvía turbulenta rompiendo en mil direcciones inconexas. Le dio otra calada y el humo recorrió desbocado por cada rincón de sus pulmones para luego escapar por la nariz.

Estaba con otro amigo, sentado en la mesa de madera de tres patas, sin hablar. Bebíamos despacio y nos mirábamos las caras. De vez en cuando alguno bostezaba o miraba el reloj. Los segundos pasaban tan lentos que ironizaban la paradoja de Aquiles y su tortuga.

Cuando pensaba en que debería de ir yéndome a casa apareció una chica, todo empieza con una chica diría mas tarde Víctor, con descaro se sentó en nuestra mesa y tras ella vinieron dos chicas mas.

Eh... ¿hola?
Yo me llamo Laura, y ellas son Cristina y Verónica
Y... no es por indiscreto, ¿pero porqué os sentáis aquí?
Porque no quedan mesas libres

El bar estaba vacío. Víctor me miró de reojo y yo capté el mensaje: Esas zorras querían chuparnos las pollas.

¿Y como os llamáis vosotros?
Yo soy Víctor, el es Jose
Víctor, buen nombre, con ese nombre habrás roto muchos corazones
Menos de los que te imaginas

Comenzamos a beber mas deprisa, los recipientes de cristal, mistela con dos hielos por favor, cubrían toda la mesa para luego desaparecer en una caja de plástico verde. A los pocos minutos la mesa volvía a estar a rebosar... así hasta que la pobreza se adueñó de mis bolsillos.

Vamos a mi casa que tengo bebida
No es por ser desagradecido, pero os acabamos de conocer, no estoy preparado para vomitar en tu baño
No pasa nada, venid, hoy nos hemos propuesto follar con desconocidos
Vamos

Entramos a su casa con un ruido de llaves, la puerta se deslizó sin hacer ruido y la luz se encendió. Una parte de mi esperaba encontrar un salón cubierto de sangre y cuerpos desmembrados esparcidos por el suelo. Cabezas clavadas en los tenedores. Pero no, era un salón normal y corriente y ellas por ahora no eran unas psicópatas que emprendían una cruzada en contra de chicos que se desilusionan poco a poco de la vida tirados en un bar mientras la apatía amarillea sus dientes.

No hablas nada
¿Quién? ¿Yo?
Si, tú, Jose, ¿no?
Si. Tus amigas también hablan poco
No hablan
¿Cómo?
¿Las has escuchado hablar?
No...
Son sordas, y hablan muy raro, les da vergüenza. Tu estarías incómodo si ellas recitaran poesía
Mala suerte
¡Eh! ¡No digas eso!
Es verdad, tienen mala suerte
¿Quieres follar con ellas?
¿Qué clase de personas sois?
Gente directa, no nos andamos con tonterías. El cortejo es para los pavos reales y alguna clase de mandriles
Quiero follar con ella

Cuando Víctor lo dijo enmudecí y Laura estalló en una risotada de mil carcajadas.

Son lesbianas
Y nosotros gays
¿Y quieres acostarte con ellas? ¿Porqué?
Porque siempre he querido penetrar a un minusválido
Y tú Jose, ¿que? ¿Orgía o no?
Yo eh, uhm, eh

Estaba blanco, no por el pánico, si no porque toda la sangre se me había ido a la entrepierna. ¿Qué estaba ocurriendo allí? Víctor había puesto las cartas sobre la mesa, el sabía que ella nos había llevado allí por algo.

Ven aquí

Víctor se acercó a la chica y ella le agarró de los huevos y le susurro al oído, largo de aquí o te los arranco. Un portazo fue nuestro te llamaré. De camino a casa paramos por el horno de los borrachos y compramos algo de comer. Nos sentamos en un banco y mientras me hacía un porro Víctor lo dijo.

Esas zorras querían chuparnos las pollas
Estas loco tío
Es verdad, ¿porqué si no iban a invitarnos a su piso a emborracharnos?
No lo se, ¿porque están locas tal vez?
Si, pero no solo eso. Cuando me ha cogido las pelotas y me ha dicho que me vaya tendría que haberla agarrado del culo y levantarla en peso, darle un beso y arrancarle la blusa con la boca, eso era lo que ella buscaba
Tiene sentido
Claro que tiene sentido, pero somos unos cobardes
Tienes razón, esas zorras querían chuparnos las pollas

viernes, 1 de mayo de 2009

No name 001


Hacía una día perfecto, el azul extendía su curva en todas direcciones dejando a lo lejos unas nubes pintadas a brochazos en el cielo. Debajo de su casa unos chavales jugaban en el parque mientras que pequeños grupos de gente tomaban tarrinas de pitufo con menta en la heladería de sombrillas verdes.
Los demás se habían marchado de casa antes de que se despertara. Cuando se despertó subió la persiana y la luz entró a borbotones por la pequeña ventana de su dormitorio. La casa estaba completamente en silencio, solo le llegaba el suave rumor del tráfico y los gritos de la calle.

Se pasó el día en casa, leyendo y viendo musicales. Solo bajó a la calle para comprar tabaco. Mientras terminaba de ver una película el sol se escapaba. Al rato, cuando miró por la venta y vio las luces de la ciudad, se dio cuenta de que estaba a oscuras. El led rojo del televisor brillaba como una luciérnaga sangrante.

Aburrido y mareado se puso a pensar, en lo que haría mañana, en lo que iba a comer, en la limpieza de la casa, que libro empezaría a leer, que haría cuando se aburriera. Ahora estaba aburrido y le dio por pensar en chicas.

Hola, ¿cómo estás?
Bien, he vuelto a casa
Yo me he quedado en el piso, todos se han ido
Ah... claro, por eso me llamas, para pedirme que vaya
La verdad es que no, solo me apetecía hablar contigo
Sabes, no me lo creo
Pues, por mucho que te choque, es cierto
Pues podría ir a verte
Mejor que no, mejor que no vengas
Si no voy te vas a terminar de olvidar de mi
No me he olvidado de ti, por eso te he llamado
Hace mucho tiempo que no me llamas
Solo hace dos semanas que no hablamos
No ves, me estás olvidando. Seguro que tienes una "amiga"
Si, tengo una, pero no viene, ha preferido no venir
Pues vaya, no vas a tener quien te consuele
¿Consuelo? No tengo que ser consolado
¿No? Pues yo que estaba pensando en ir allí para que no estes solito
Si, y saldríamos a caminar por ahí
No
¿No?
Si voy es para no salir de casa

miércoles, 29 de abril de 2009

Buena vida


El viento le golpeaba el rostro bronceado por las largas horas de sol plantado frente al mar. Pasaba las horas esperándola mientras las olas subían y bajaban en series que convergen al infinito.

Tenía una furgoneta que le servía de casa, un perro llamado Roberto. Pocas posesiones mas tenía; un poco de ropa vieja, un par de bañadores y una Pukas 6'2'' firmada por Peter Daniels.

Se dedicaba a buscarla por el mundo, de un lado para otro. Escuchaba rumores de que podría estar aquí o allá, y seguía esos rumores como el que caza moscas con palillos: sin resultados.
Visitaba cada una de las casas, cada una de las camas, cada uno de los aseos donde decían que estaba, pero solo encontraba una mierda flotando en el agua.

Pero era feliz, no necesitaba a nadie, porque el mundo le pertenecía, iba donde quería y comía lo que le apetecía. No era religioso, no por convicción o decisión, si no por omisión del pensamiento. Simplemente era algo que no le interesaba.

Lo hacía con muchas otras, muchas, pero ninguna lo convencía. Podía tener orgasmos muy intensos, pero no era lo mismo. No le llenaban el corazón. La ola perfecta es como una amante esquiva.

lunes, 20 de abril de 2009

Medicación


-Doctor, he vuelto a soñar con ella
-¿Otra vez?
-Si otra vez
-Creí que esa fase ya la tenía superada. ¿Qué ocurría en el sueño?
-Estaba en la cocina de mi casa, con mis amigos, derrepente Vicente entra en la sala diciendo que la ha visto. Todos comienzan a hablar de ella
-Continúe por favor
-Comentan lo guapa que está ahora y la maravillosa vida que se ha sacado del bolsillo. Yo no se porqué no puedo hablar. Intento entrar en la conversación para cambiar de tema, pero soy incapaz de articular palabra alguna. Después de escuchar cuan interesante y feliz es su vida me despierto

Estaba sentado en uno de esos sillones, divanes, creo que se llaman, de loquero. La habitación era mas marrón que el resto de habitaciones y por la ventana entraba una postal de un día gris sin lluvia, todo enmarcado de verde norteño. Cientos de libros que solo sirven para aparentar envolvían la habitación, se preguntaba si realmente habría hojas dentro de ellos.

-¿Qué ocurre al final del sueño?
-Que me despierto. No puedo soportar la angustia de vivir ese momento
-Si en el sueño, a la señorita, las cosas le hubieran ido mal en vez de bien, ¿usted se encontraría mejor?
-No creo, ella conseguiría que la suciedad del mundo resplandeciera tanto que al mirarla me dolieran los ojos. Hasta sus miserias podrían conmigo
-Ya sabe usted que esa señorita no existe, ¿no? Y que sus amigos tampoco. Todo son fantasías suyas
-Pero es tan real
-Ese es el problema. Por ahora comenzaremos con subirle la dosis de la medicación
-Mas drogas para olvidar. Qué ironía

Volvió a su habitación acompañado por dos grandes enfermeros, que mas que pinchaculos parecían porteros de discoteca. Al rato lo sacaron a pasear y lo sentaron en un banco, a que contara los pájaros.

domingo, 12 de abril de 2009

La lesbiana salida


Era descaradamente perfecta, una entre mil millones de hembras. Tenía todo lo que un hombre podía desear y todo lo que una chica podía envidiar, tanto corporal como mental: Era una magnífica guarra. La peor pesadilla de la novia mas celosa.

Se llamaba Fernanda, aunque muy pocos conocían su nombre. Venía de una familia tan normal y tan corriente que servía como comprobación de los estudios de la población. A los 18 años se fue de su casa a estudiar fuera una carrera de mierda, la más fácil que encontró, no recuerdo si era periodismo, psicología o alguna otra. En cualquier caso supo como aprovechar el tiempo.

Le gustaba vestir a la moda y llevar zapatos de tacón corto. Tenía el pelo negro y los ojos azules como el hielo. En la nariz tenía un pequeño aro de plata a modo de adorno. Los pechos mejor no los comento.

No sabía porque era así, porqué era capaz de hacer lo que nadie se atrevía a hacer. Pero le encantaba.

Una noche me contó que se encontraba en un bar, un sitio feo lleno de chicos tontos y chicas guapas, largos escotes y cortas faldas. Chicas por las que matarías a tu madre. Ella estaba sola en la barra bebiendo, era un poco rara, no le gustaba tener amigos, solo gente de una noche. Vio como una chica delgada y alta, de pelo rizado castaño claro entraba, contoneándose, en el antro, como se dirigía al cuarto de baño. Fernanda apuró su copa, wisky cola, y se fue tras ella. Justo antes de que la puerta del cuarto de baño se cerrara puso el pie, la abrió, y allí estaba una perfecta desconocida mirándola con cara de sorpresa. Sin mediar palabra Fernanda se acercó a ella y la empujó a la pared, le plantó un beso y le agarró el trasero mientras la desconocida se miraba a si misma en las pupilas de la lesbiana salida.

Fernanda le subió la falda y metió su mano helada dentro de sus bragas, la otra chica se resistió, pero de poco le sirvió. Fernanda volvió a isnstir mientras le mordía la oreja y la desconocida se dejó llevar. Esas caricias tan húmedas fueron tan precisas que en cuestión de segundos la Sorprendida tuvo un orgasmo tan incontrolado que se meo encima. Fernanda le sonrió y se fue.

-Son las dos y media de la noche, ¿a que has venido a mi casa?
-Vengo de beber algo. No me mires así Jose, haces que me sienta mal por despertarte.
-Hay que joderse.
-Mira, ven, hueleme los dedos.
-No te los voy a oler. Ya lo has vuelto a hacer, has vuelto a meter la mano donde te ha dado la gana.
-La chica disfrutó tanto que se meó encima, fue estupendo.
-Aun no se porque siempre me cuentas estas cosas.
-Porque me gusta joderte.
-No, no, si te gustase joderme ya me habrías follado. Lo que te gusta es despertarme para cabrearme.
-Si, me gusta ver como te enfadas. Cuando te cuento como follo con alguien pones esa carita de resignación que me pone a mil. Ahora la estás poniendo.
-Creo que voy a suicidarme.
-Si fueras hombre me estamparías contra la pared, me estirarías del pelo y harías que me corriera como un volcán en erupción.
-Podría hacerlo.
-Pero no lo harás.
-Algún día te llevarás una sorpresa.
-¿Me puedo quedar a dormir?
-Si, claro, vete a mi cama, yo dormiré en el sofá.
-Eres un cielo, gracias.
-Déjate de besos y de gracias y vete a dormir, mañana madrugo.


lunes, 6 de abril de 2009

Como me jode esperar


Aguantar, permanecer hasta que llegue, aguardar.

Es tarde y no ha aparecido, hace largo tiempo ya que la hora acordada pasó y David sigue ahí, esperando. Se siente estúpido ahí plantado, apoyado contra una farola que no funciona. La gente camina por delante de él, unos pocos lo miran de reojo, unas pocas lo miran a los ojos, pero él aparta la mirada, es algo tímido y no es capaz de aguantar la emoción que le producen esos ojos de mujer borracha.

Anochece y aun no ha llegado. David mira el reloj cada vez con menos impaciencia y mas resignación. Hace frío y no moverse provoca que se le enfríen los huesos. La gente sigue pasando, está en el centro de la ciudad, una calle llena de tiendas, de restaurantes y de bares, pero él ya no les presta atención. ¿Porqué tardará tanto en llegar? ¿Le habrá pasado algo? ¿Se habrá olvidado de mi?

Se ha sentado en el bordillo de la acera a esperar, le dolían las rodillas de estar ahí parado, podía sentir como envejecía a cada segundo, creía haber notado el momento en el que las células empiezan a no multiplicarse, el momento en el que empiezas a morir. Agacha la cabeza porque le duele el cuello de tanto girarlo para ver si llega, estira el brazo porque se le había quedado dormido. Una anciana le da una moneda.

Tumbado en los adoquines ha recordado cada momento de su vida, contando los buenos momentos y los malos también. Es extraño, pero los malos momentos los recuerda como buenos, le hacen gracia, los buenos momentos los deja pasar, ahora los echa de menos, le entristecen y los añora. Pasaron de largo y él no se fue con ellos. Se da cuenta de que en verdad su vida está hundida en la monotonía gris. Hizo muchas cosas, hizo siempre lo que quiso, pero eso no le dio a David plenitud en la vida, no le dio sentido, tampoco cree que encerrarse en un monasterio a rezar y meditar de a la vida de alguien ese valor que no conoce. David se pregunta que hay que hacer para que esperar no sea tan duro.

Empieza a nevar. Lentos copos blancos como los rostros de los muertos descienden lentamente como la mas guapa princesa que, despacio, baja las escaleras hasta el baile. David sigue sin moverse, la nieve empieza a cubrirle el cuerpo y él se saca un cigarrillo, pasa una cerilla por la lija y comienza a fumar. Ya no le importa el frío, solo quiere que llegue ya y se pueda marchar de ahí.

Al fin aparece. Es un tipo que viste elegante traje gris marengo de dos botones, calza zapatos negros de linea inglesa y no lleva corbata. Se inclina hacia David, con su mano enguantada en piel de cocodrilo le quita la nieve del rostro al tonto cubierto de blanco. Por fin apareces cabrón tardón -le dice David- me has hecho esperar mas de la cuenta. El Esperado con una fina sonrisa saca una pistola negra y pone una bala en el corazón de David. La espera ha terminado -le dice- todo llega amigo, todo llega.

miércoles, 1 de abril de 2009

Directo al corazón


No podía verla. Cuando veía sus fotos recordaba lo guapa que era, sus ojos verdes unos días, negros el resto: Se cabreaba, odiaba recordarla. No la amaba, ya no, eso hace tiempo que pasó, lágrimas de sal y mucho esfuerzo habían transformado el sentimiento del amor en el de la frustración, como cuando te masturbas y no puedes correrte, solo que ahora no puedes terminar el trabajo mas tarde. Si la veía en persona no podía ni respirar. No sabía muy bien si el corazón se le aceleraba o se le paraba, y no podía articular palabra, sabía que tenía que intentar ser simpático, como si nunca hubieran hecho el amor toda la noche y nunca hubiera contado todas las pecas de su cuerpo, pero un cúmulo de malos sentimientos se mezclaban con la nostalgia, y eso le impedía actuar con normalidad. Lo que mas le jodía era que ella lo sabía. Era un libro abierto para sus ojos ahora azules.

Aun no sabe muy bien porqué le dejó. Recuerda que fue en un callejón mojado por la lluvia y los meados, le dijo hola y adiós y todo su castillo de naipes se derrumbó por causa de un suspiro. Solo quedó boca arriba la reina de corazones descojonándose de él. Que me corten la cabeza, pensó él, pero el verdugo estaba de baja, también lo había apuñalado por la espalda una chica guapa.

A veces se sorprende buscando su cara en el gotelé de la pared y recordando como era. Intenta distraerse de esa idea, pero no puede. Ha probado de todo. El mes pasado el chico se hizo una lobotomía frontal con una máquina de clavos -un clavo saca otro clavo- pensó, pero ese clavo solo hundió mas el otro. Ahora pasa los días internado en una institución de color blanco enfermizo y lo único que hace es dibujar la cara de ella en cualquier lienzo que encuentra.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Zapatillas nuevas


-Me marcho, que tengo que madrugar

Y se fue por donde había venido. El viento del final del invierno meció las ramas vacías de los árboles, y su vestido también, dejándole solo en esa noche. Luis se quedó ahí plantado mirándola mientras se alejaba por la calle, le asaltó esa sensación a los ojos, esa en la que crees que vas a llorar pero no puedes, tal vez porque no sabes llorar, tal vez porque te aguantas o tal vez porque estás seco por dentro como un desierto. Dentro de Luis solo había polvo y un corazón sufridor.

Luis no la conocía de nada, de un par de holas y adiós, de un par de puritanas conversaciones convencionales. Como una foto en la pared, solo sabía sobre ella las cosas que ella le había mostrado, que no era mucho, pero Luis se imaginó el resto. Convirtió a una desconocida en el amor de su vida.

Tal vez ella se sintiera como él, pero Luis pensaba que no, tal vez ella estuviera esperando a que él diera el primer paso para empezar una relación juntos, pero Luis pensaba que no, tal vez ella estaba tan asustada como él, pero Luis pensaba que no. Aun así... en la trastienda de ese pensaba que no, Luis si que pensaba que podría ser cierto. Era una esperanza.

Luis lo convirtió todo en una obsesión, todo le recordaba a ella, se sorprendió un día mirando un pastel de carne que podría tener su rostro. Nunca más la volvió a ver y eso, le reconfortaba en parte, no quería tener que enfrentarse a la realidad, tener que decirle lo que sentía y aceptar la negativa con estoica serenidad, prefería vivir una mala fantasía a tener que aceptar que no le amaba. Se consolaba pensando que el mundo tiene que haber de todo, gente que no sabe lo que es que le amen, pero, si en el mundo tiene que haber de todo, como dice nuestro amigo Luis, ¿en que lugar te deja eso a ti lector?

Violalas a todas. Ser un violador es mejor que ser el que ha sido violado. También va por vosotras chicas, la tecnología nos ha obsequiado con arneses polla.

martes, 24 de marzo de 2009

Treinta y tantos


Tu madre te odia y tu padre... mejor no hablar de tu padre -se dice Ramón mirándose al espejo- tienes 34 años y aun sigues viviendo aquí.

Ramón ha estado pasando por una mala racha, una mala racha que dura desde que nació. De pequeño Ramón era un ser enfermizo, no es que fuera desagradable para la vista, el tacto y el oído, es que era de salud débil, siempre estaba enfermo y su madre nunca le dejaba hacer nada con los otros niños. Nunca se fue de viaje con el colegio ni salía a jugar al parque, a rasparse las rodillas y a pelearse con los otros niños de esa forma tan patética con la que se zurran los chavales.

El instituto fue como caminar por una carretera que atraviesa un desierto de nombre Soledad. Intentaba hacer autostop levantando el dedo tímidamente, pero nadie paró para ser su amigo. Luego llegó la universidad.

-No puedes estudiar eso -le dijo su padre- ningún hijo mio estudiará eso.
-Pero yo quiero estudiarlo.
-¡He dicho que no y es que no!

Su madre había pasado gran parte de su vida en anular su fuerza de voluntad y a destruir su carácter, fue fácil hacer que estudiara algo que detestaba.

Hace unos meses Ramón estaba a punto de casarse y tomo la única decisión de su vida. Fue una mala decisión, pero al menos era suya. Rompió con la novia dos semanas antes de la boda.

A su madre casi le da un infarto cuando se entera, toda la vida criándolo para que vaya por el camino que una mujer le pinte en el suelo, y va, y en el momento decisivo, toma una decisión por su cuenta, y encima, una mala decisión. Su padre escupió al suelo, lo miró y volvió a escupir. Nunca habló demasiado con su viejo.

Ahora Ramón tiene una pequeña depresión. Tiene un trabajo que detesta, y vive con una familia que detesta. Sus dos hermanos menores ya se han marchado de casa a vivir con sus novias, y el sigue ahí, viviendo ese día a día, cegándose en su madre por haberlo convertido en un inepto de la vida.

miércoles, 4 de marzo de 2009

La rebelión de la mierda


Hoy hacía un día regular en Valencia. Las nubes ansiosas por recuperar lo que es suyo por derecho de conquista campaban a sus anchas por cielo gris. Gracias a Dios que no le ha dado por llover, aun.

Volviendo de la universidad andaba distraido pensando en lo que iba a hacer esta tarde. Tengo la habitación hecha un estercolero, bolsas de ganchitos y latas de refresco han unido sus fuerzas para hacer una revolución de la mugre. No me da miedo ese ejército de deshechos, pero están comandadas por Mentrug, la malvada pelusa biogro que repta bajo la cama. Ni la escoba mas grande y fuerte puede con ella. Te encariñas con las pelusas cuando son pequeñas y juguetonas, pero luego crecen, ¡crecen!, y empiezan a pensar por si mismas... "¿porque no soy yo el que está meneandosela frente a la pantalla y el maldito bastardo de Tramp el que vive bajo la cama?" Plaf. Y piso una mierda.

¡JODER! ¿Una puta mierda? Me cago en mi estampa. Con lo distraido que iba no me he fijado en el regalito que había en la acera. Estaba blanda y caliente. Un perro, feo, de esos arrugados y feos, paseaba soltando caca de aquí para allá.
Se va a enterar -me he dicho- va a desear no volver a abrir el ojete en su vida.

Me he acercado sigilosamente al perro mientras arrastraba la zapatilla por el suelo a ver si se me iba la caca, y cuando he estado cerca, con el mismo pie que me ha sido mancillado, le arreado una soberana patada en la cabeza al puto chucho de los huevos.

-¡He tú! -escucho por el lateral- ¿que coño le has hecho a mi perro?
-¡Me cago en tu perro! -le he soltado al grandullón que se acercaba a grandes zancadas hacia mi
-¡Te voy a matar!
-¡Eres un maricón de mierda!
-¡Te mato!

Pero he sido mas rápido que él. Antes de que pudiera terminar la frase yo ya había desaparecido. Vuelvo a casa triunfante y oliendo a mierda de chucho. Me he metido en mi cuarto y he bajado la persiana. Me he quitado la ropa y me he puesto en calzones con una vieja camiseta amarilla (que antaño fue blanca como la dentadura de Obama). Escucho una voz.

-Eh tú. Psss, eh tú. Aquí abajo -era Mentrug, la pelusa- no ha sido el chucho
-¿Qué?
-Que no ha sido el chucho
-No me jodas
-Lo llamo terrorismo de mierda. La guerra ha comenzado

Me he girado y las bolsas de ganchitos y las latas de refrescos habían tomado posiciones. La zapatilla cubierta de excrementos se había sumado a sus filas.

sábado, 28 de febrero de 2009

Besos en el parque


Había salido de entrenar y volvía a casa. Tenía los pies destrozados, en carne viva, por eso caminaba despacio cargando la bolsa de deporte al hombro. Hacía un día estupendo, una mañana soleada y ni una nube solitaria vagaba por el cielo. Me sentía muy vivo.

Como siempre que volvía a casa pasé por el parque que hay antes de cruzar la gran avenida. Allí vi a una pareja sentada en un banco, dando se lentos besos de enamorados. Hablaban y se besaban, de vez en cuando ella se reía. Pasé por debajo de ese extraño túnel que atraviesa el edificio y el cielo desapareció. Una mole de millones de toneladas de acero y hormigón se suspendía sobre mi cabeza. Salí de ese túnel cabreado con el mundo. Lleno de odio. Mis entrañas se habían reproducido y solo guardaba cosas feas en mi interior.

Vi a una mujer de unos cuarenta años salir del supermercado cargada con bolsas de la compra. Ella iba en la dirección contraria a mi. Ella estaba en un lado del paso de peatones, yo en el otro. Los coches zumbaban entre nosotros. Cruzamos, lentamente, no, rápido, pero a mi me pareció mucho tiempo, mucho. Cuando llegué a su altura, cuando nos cruzamos en medio de la gran avenida dejé caer la bolsa de deporte, me desplacé hacia un lateral con suavidad y hundí mi tibia en sus riñones. Impulsé con todo mi cuerpo haciendo fuerza con la cadera, empujando con la pierna de apoyo hacia la tierra. Salí corriendo hacia casa. Cuando me alejaba miré hacia atrás. La mujer se había arrastrado sola a la acera, nadie hizo nada. Un taxi arrambló las bolsas de la compra y mi macuto se rompió por la mitad esparciendo mis cosas por la calle.

Subí a casa. El corazón me bombeaba gasolina desenfrenadamente. Me miré en el espejo del baño y no me reconocí. Me lavé la cara y me volvía mirar. Era yo, hablé y me dije, ¿que has hecho? Yo no supe que responderme a mi mismo. Sabía lo que había hecho, pero no lo comprendía. Me desnudé y fui a mi habitación que durante algunas semanas había sido mi pequeño cubículo de existencia. Busque porno, del mas salvaje que pude encontrar y me consolé a mi mismo no buscando autocompasión y algo de comprensión. Lo que buscaba era tranquilizarme. Me dormí abrazado a mi mismo, hecho un ovillo en posición fetal.

Me desperté. Era tarde, era media noche. Fui al baño a lavarme la cara. Me miré al espejo y me dije a mi mismo si esta podía ser la forma de suplantar el vacío interior que me ha causado la perdida del wow.